Creo que una de las cosas más interesantes que se avecina para los estudiosos de la opinión pública, será la tan anunciada fragmentación de las audiencias que se producirá como consecuencia de la dispersión de medios y canales a través de los cuales se emite televisión. Hasta ahora es relativamente fácil seguir los climas de opinión que se instauran alumbrados por los líderes de la televisión del momento. Basta con revisar los índices de audiencia de tv y analizar en más o menos profundidad los discursos que implícita o explícitamente se desprenden. ¿Cambiará todo esto con la fragmentación?
Bueno, mientras esto sucede, lo cierto es que la televisión -en tanto que agente de socialización de masas- sigue jugando un rol fundamental en la conformación de estados de opinión, que son el paso previo al asentamiento de normas, valores y creencias. Las audiencias continúan siendo masivas. Tanto es así que si yo ahora les pregunto que si han oído hablar de House, la serie de Cuatro, la gran mayoría me dirá que sí. Bueno, para que todos sepamos de que estamos hablando, aquí va un fragmento representativo.
¿No les recuerda el doctor House a Risto Mejide, el implacable miembro del jurado de Operación Triunfo? ¿Que quién es Risto Mejide? Bien, como no van reconocer, ni siquiera íntimamente, que ven Operación Triunfo, les explico. Risto Mejide, creativo de la agencia SCPF, es uno de los miembros del jurado de Operación Triunfo, y se encarga, junto a otros, de evaluar públicamente la actuación de los integrantes de la academia. Sus polémicas intervenciones en el programa están dando mucho de qué hablar ahí fuera. Vean un pequeño fragmento en el que Risto se acordaba de la profesión más antigua del mundo a la hora de valorar el estilismo de las chicas de la academia.
Bien, a lo que voy. Me cuesta pensar que el éxito Risto y House -y seguramete algún otro ejemplo que se me escape- no estén relacionados. Comparten, a juicio de la audiencia, una forma “brutalmente honesta” de emitir valoraciones o juicios. Una forma de expresarse políticamente incorrecta, pero que supuestamente contiene un fondo de verdad. Esta verdad desnuda parece que consigue empatizar con la audiencia, aunque sea totalmente polarizante. No hay medias tintas; o le amas o le odias. Inicialmente no tratan de agradar a masas (aunque al final lo acaben consiguiendo), sino a polos. Minorías entusiastas que finalmente se encargarán de hacer de “misioneros” portadores de sus mensajes y de “evangilizar” a grupos cada vez más amplios.
Quedémonos con estas tres ideas de lo que llevamos dicho hasta ahora:
- Se expresan de forma “brutalmente honesta”.
- Sus ideas tienen un efecto polarizante.
- Son acogidas positivamente por una minoría entusiasta que se encarga de difundir su mensaje.
Bien, vámonos a otro campo: al de la publicidad. Busquemos paralelismos con lo que hemos visto hasta este momento. Seguro que hay muchos más ejemplos, pero los primeros que me vienen a la mente son estos:
BANCAJA
YOIGO (3 PIEZAS)
Creo que son buenos ejemplos de que en publicidad -en marketing, incluso- el posicionamiento de honestidad, para empezar, concede un plus de notoriedad, después produce un efecto polarizante, y después sus mensajes son difundidos por unos pocos entusiantas (¿quién ha subido estos anuncios a YouTube? Yo no!!). Supongo que es una estrategia muy interesante cuando intentas entrar en un mercado muy maduro, como podría ser el caso de Bancaja y de Yoigo (telefonía móvil). A estas alturas del campeonato no puedes intentar atacar al mainstream, a la masa, sino que debes buscar un nicho lo suficientemente amplio como para que se justifique la inversión. Está claro que la honestidad es un posicionamiento capaz de empatizar muy bien con esos consumidores que casi saben como nosotros de marketing o estrategias de mercado, y que son capaces de destripar cualquier floritura con la que se le adorne el mensaje. Considero (aunque es más un prejucio que otra cosa, lo reconozco) que tambien es un target con cierta propensión a la evagenlización, con capacidad para generar word of mouth, y, por tanto, muy interesantes para marcas que tampoco disponen de los presupuestos publicitarios de las marcas dominantes en esa categoría. En fin, ya saben, la honestidad vende. ¡Verdad de la buena!