Valor de uso y valor de cambio en las promociones on-pack

No dispongo de datos que lo confirmen, pero tengo la sensación de que cada vez se recurre menos al regalo promocional “on-pack” en gran consumo. Pero la verdad es que de vez en cuando veo alguna promoción con regalo que me deja impresionado. Este sábado fotografié esta promo de una crema de queso de Ligeresa. ¿Qué regalaban? Pues un minicinturon, estrechito, de color verde…Uff, terrorífico.

No es fácil acertar con el regalo promocional, claro que no. Es todo un arte.

Mi experiencia en este ámbito prácticamente se circunscribe al de las revistas. Creo que es una buena escuela, porque tal vez sea en este mercado en el que la estrategia promocional de regalos tiene un impacto más directo en las ventas. La industria entró ya hace un tiempo en una espiral promocional de la que le está costando mucho esfuerzo salir. Buena parte de los consumidores se plantan en el quisco como si de un bazar se tratara. ¡A ver qué me regalan!

A la hora de plantear test de regalos promocionales me gusta analizar el valor de uso y el valor de cambio que el comprador le atribuye a cada una de las alternativas que están en liza, al margen del impacto de la promoción en temas de branding. Parto de la teoría de que a la hora de evaluar el interés que nos suscita una promoción (ya sea on-pack o no), valoramos (de forma casi inconsciente) el valor de cambio inferido (en términos económicos) o su potencial de uso. En otras palabras, o bien le ponemos un precio o estimamos el uso que vamos a hacer del mismo. Sostengo la teoría (que algún día tendré que validar, ya está bien!!!) de que raramente un mismo consumidor sopesa los dos valores (de cambio y uso) del regalo promocional. Más bien creo que hay perfiles más propensos a un tipo de regalo u otro.

El contexto de la comunicación: Empatizando con los fumadores

Ayer, mientras esperaba en la T3 para embarcar de regreso a Barcelona, tuve la ocasión de observar el comportamiento y la actitud de los fumadores que son obligados a ocupar los espacios cerrados y acristalados habilidados para ejercer su “vicio”. Estas vistas inspiraban mis pensamientos.

Sin entrar a discutir si debe o no ser así, cual degenerado marketiniano que soy, reflexionaba sobre la oportunidad que en estos contextos de “segregación” se abren para muchas marcas que quieran empatizar con un consumidor que, en esa circunstancia, es inevitable que se sienta un paria. No me refiero a que ninguna marca se asocie a un hábito que es objetivamente perjudicial para la salud, pero sí que haga guiños de comprensión y solidaridad. Se me ocurre por ejemplo que podría formar parte de la estrategia de comunicación de marcas que en su día tuvieron su momento de esplendor (como el fumar), pero que ahora casi han pasado a una segunda fila. También podrían ser espacios idóneos para marcas en cuya esencia la libertad o la individualidad ocupe un lugar preferente.
Cada vez me interesa más la indagación sobre los “contextos” (espacios y situaciones) en los que se produce el impacto publicitario. Creo que, en ocasiones, el contexto en el que se recibe un mensaje, puede tener mayor influencia sobre la persuasión que el mensaje en sí mismo, o el medio a través del cual se lanza. Me parece un ámbito aún muy por explotar desde el campo de la investigación y la creatividad.

La investigación según Toni Segarra

Toni Segarra, de S.C.P.F. tiene un espacio más o menos fijo en el blog de Anuncios Hace unos días, en uno de sus post, comentó que veía la investigación como uno de los pocos reductos de creatividad que quedan en el contexto del marketing. A algunos de sus lectores nos dejó un tanto desconcertados esta posición, y le pedimos que la desarrollase. Pues bien, lo ha hecho, y la respuesta no defrauda. Diré que después de haber devorado dios sabe cuántos textos sobre investigación comercial, la definición del proceso de investigación que hace Toni, me ha emocionado, y, en cierto modo, me ha resucitado la vocación. Suena cursi, sí, suena cursi, pero es que es verdad. Aquí va el texto:

Lo dije completamente en serio. Suelo decir las cosas completamente en serio, sobre todo cuando las escribo.

Eso de que la investigación va a ser el último reducto de la invención lo dije en serio. Es lo que creo. Y no entiendo por qué suena raro.

Además es bonito.
Unos tipos se meten en una sala y empiezan a hablar de las cosas que les enseñas, y tú escuchas y tomas notas y haces preguntas, y luego con todo eso, y con tu experiencia y tu intuición intentas sacar conclusiones que arrojen cierta luz, que señalen una dirección.
Inevitablemente en ese proceso estableces conexiones con otras cosas que tú sabes vete a saber por qué, y con otras reuniones, y con textos que has leído, y se te ocurren conclusiones que quizá podrían explicar lo que ocurrirá, o lo que está ocurriendo.

Y luego armas un discurso con todo ello, convencido de que has dado con la pista correcta, y lo basas en todo aquello que crees que claramente mostraba el camino que tú has elegido.

Después lo explicas y cuando lo explicas notas la autoridad.
Tu autoridad.
Para mucha gente eso que has pensado y escrito es muy importante.
Algunos te escuchan con cierta reverencia, y otros con evidente animosidad, pero ambos sentimientos son agradables porque en realidad demuestran que te escuchan, algo tan antiguo y tan difícil. Y que muchas cosas (no demasiado importantes) dependen de lo que estás diciendo.

Así es cómo lo veo, como lo siento cuando escucho esas conclusiones con cierta animosidad, para qué negarlo, porque en realidad mi proceso mental es bastante parecido al de ese tipo que intenta inventar verdades, yo también escucho, tomo notas, busco, saco conclusiones basadas en mis errores y en mi experiencia, tengo intuiciones, veo claro un camino, lo convierto en estímulos más o menos evidentes.
Invento.
Pero no acostumbran a escucharme con el mismo interés, la verdad.
Y aunque me escuchen con cuidado, con atención, no se extraen conclusiones claras de lo que digo hasta que el otro tipo inventa sus propias ideas a partir de las mías y decide, sanciona.

Ambos inventamos, pero él acostumbra a tener la última palabra (de acuerdo, en la teoría no la tiene él, pero ya sabemos lo que suele pasar).

No me quejo.
También dije completamente en serio que amo la investigación. No imagino nuestro trabajo sin investigación, no sólo porque sería imposible, también porque sería más aburrido.

No, no me quejo.
Más bien siento cierta envidia.

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¿Tiene usted 30 minutitos para responder a una encuesta? Sobre "Opinion Fatigue"

Parece ser que 30 máximos ejecutivos relacionados con la industria de la investigación comercial se han reunido Chicago para abordar un fenómeno que crece y cada vez es más preocupante. Lo llaman “Opinion Fatigue”, que traducido a cristiano viene a ser algo así como que la peña está cansada de ser torturada con encuestas, observándose un crecimiento de la “no respuesta”. La preocupación radica en que no se sabe demasiado bien si los cuatro gatos que acceden a participar en las encuestas tienen un perfil diferente de los que no colaboran. De ser así, se estarían introduciendo sesgos en los resultados de estas encuestas. El tema se las trae, porque las soluciones no son fáciles.

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