No dispongo de datos que lo confirmen, pero tengo la sensación de que cada vez se recurre menos al regalo promocional “on-pack” en gran consumo. Pero la verdad es que de vez en cuando veo alguna promoción con regalo que me deja impresionado. Este sábado fotografié esta promo de una crema de queso de Ligeresa. ¿Qué regalaban? Pues un minicinturon, estrechito, de color verde…Uff, terrorífico.

No es fácil acertar con el regalo promocional, claro que no. Es todo un arte.
Mi experiencia en este ámbito prácticamente se circunscribe al de las revistas. Creo que es una buena escuela, porque tal vez sea en este mercado en el que la estrategia promocional de regalos tiene un impacto más directo en las ventas. La industria entró ya hace un tiempo en una espiral promocional de la que le está costando mucho esfuerzo salir. Buena parte de los consumidores se plantan en el quisco como si de un bazar se tratara. ¡A ver qué me regalan!
A la hora de plantear test de regalos promocionales me gusta analizar el valor de uso y el valor de cambio que el comprador le atribuye a cada una de las alternativas que están en liza, al margen del impacto de la promoción en temas de branding. Parto de la teoría de que a la hora de evaluar el interés que nos suscita una promoción (ya sea on-pack o no), valoramos (de forma casi inconsciente) el valor de cambio inferido (en términos económicos) o su potencial de uso. En otras palabras, o bien le ponemos un precio o estimamos el uso que vamos a hacer del mismo. Sostengo la teoría (que algún día tendré que validar, ya está bien!!!) de que raramente un mismo consumidor sopesa los dos valores (de cambio y uso) del regalo promocional. Más bien creo que hay perfiles más propensos a un tipo de regalo u otro.
Toni Segarra, de S.C.P.F. tiene un espacio más o menos fijo en el blog de