El rol central que está jugando en las primarias de los demócratas la utilización de Internet por parte de los distintos candidatos es el último “hito” en el rápido desarrollo de la Internet TV. Sin duda, un nuevo espaldarazo para un fenómeno que se consolida -y muta- minuto a minuto.
Ya queda menos para el esperadísimo debut de Joost , la plataforma de televisión basada en la tecnología peer to peer impulsada por “los creadores” de Kazaa y Skype.
Se rumorea que el pistoletazo de salida podría darse durante esta misma semana. Poco a poco los promotores van desvelando algunas de las incógnitas que se dejaban para el último momento. Una vez que han conseguido crear expectación entre la audiencia -el ruido conseguido en la blogosfera ha sido espectacular-, ahora le toca el turno a los anunciantes. Joost sabe que, más allá de las audiencias que congregue, su verdadera desafío está en saber acercar el proyecto a quienes deben financiar “el producto” con el que desea competir con la tele convencional y las plataformas de vídeo en streaming. El modelo de Joost pasa por llevar al televidente al ordenador a ver televisión convencional. Ofrece poder realizar desde una misma pantalla lo que muchos usuarios (especialmente los más jóvenes) viene haciendo con dos, complementando esta propuesta con las funcionalidades que permite el nuevo entorno (chat, mensajería instantánea, contenidos on-demand…). Pero son plenamente conscientes de que lo que determinará la mayor o menor aceptación por parte de la audiencia serán los contenidos. Joost no pretende competir con la oferta basada en los contenidos aportados por los propios usuarios. Creen que en Internet también existe un hueco para los contenidos producidos y difundidos profesional y legalmente, y por ello han hecho un gran esfuerzo por conseguir acuerdos con reputados proveedores de contenidos (National Geographic, Viacom…), muchos de los cuales han aceptado la invitación no tanto porque estén firmemente convencidos de la rentabilidad del acuerdo, sino porque no veían otra salida para comercializar sus contenidos en la red. Se vieron atrapados entre la falta de un modelo sólido por parte de las cadenas de televisión convencionales, la violación sistemática de los derechos de reproducción de sus contenidos en YouTube y la poca disposición del usuario por ir a buscar contenidos desperdigados por la red (y mucho menos a pagar por ellos).
Y para cerrar el círculo, ahora Joost busca en estos últimos días previos al lanzamiento del proyecto sumar al marcador a un buen puñado de anunciantes deseosos de unirse a los más de 30 que ha logrado captar hasta este momento, entre los que suenan nombres de la talla de Coca-Cola, Hewlett-Packard, Intel, Nike, Visa, United Airlines, Procter & Gamble, Kraft Foods, Electronic Arts, Sony Electronics, Microsoft, Motorola, IBM, L’Oreal Paris; Nokia, Vodafone, Time Warner y Warner Bros. Impresiona, ¿no? Pues es justo esto lo que pretende.
Visto en perspectiva, lo cierto es que la estrategia adoptada por Joost previa a su lanzamiento no ha podido ser más inteligente. La habilidad con la que manejan las relaciones públicas sus promotores es deslumbrante. En pleno apogeo del consumo de vídeos online en streaming, cuando todos los medios no paraban de hablar de la llegada de la era audiovisual a Internet, consiguieron que todas las miradas se volvieran sobre ellos gracias a una cuidadísima selección de ingredientes orientados deliberadamente a la generación de rumores. Estos ingredientes eran: tv+P2P+”creadores de Kazaa y skype”. El cóctel se aderezó con un nombre en clave -The Venice Project- claramente elegido para envolver el proyecto de un halo de secretismo y misterio (morbo geek). ¿Reacción? Consiguieron poner en marcha una -absurda- competición en la que, mano a mano, blogosfera y medios online se batían en duelo para conseguir aportar alguna pista que desvelara lo que se estaba cocinando.
El siguiente paso fue la puesta en marcha de la versión beta de la aplicación. Como todo el mundo quería saber qué “fórmula secreta” habían descubierto estos señores, miles de bloggers y geeks se lanzaron al site de Joost para mendigar su acceso a la beta. Como no, Joost había previsto dar acceso sólo a unos pocos de los muchos solicitantes “privilegiados”, a quienes, a su vez, les concedía “la gracia” de poder invitar a otros pocos (convirtiéndoles en evangelistas del proyecto). Muchos de aquellos pobres mortales que no consiguieron su invitación como “beta tester” oficial se vieron avocados a la mendicidad. El “tráfico de invitaciones” de Joost pasó a ser durante varias semanas un tema más importante que el “tráfico de órganos” en el Tercer Mundo. Una vez conseguidos los “eyeballs”, que llamaran a la puerta los proveedores de contenidos era cuestión de tiempo. Los últimos en incorporarse han sido los anunciantes, quienes tampoco han mostrado demasiadas reticencias en un contexto favorable a la utilización de estos nuevos soportes y en el que faltan modelos claros -como el de Joost- de explotación publicitaria. ¿Cómo acabará todo?