Qué hacer cuando la Web 2.0 se levanta en armas contra tu marca. El caso Yoigo.

p1100275.jpg

El arranque de Yoigo no pudo ser más espectacular. La estrategia de
posicionamiento y la campaña de lanzamiento funcionaron a las mil maravillas.
Tanto que, si recuerdan,  la avalancha de solicitudes de portabilidad llegó a
bloquear su capacidad para dar servicio a todos los demandantes. A
punto estuvo de morir de éxito en esos primeros instantes
, pero gracias a
una comunicación muy bien gestionada, supieron calmar los ánimos encendidos de
muchos de sus clientes. Se salvó la situación, y al final el mensaje que caló
entre los consumidores fue el del éxito (“caballo ganador”), y no el de la
falta de previsión y de capacidad de servicio.

No le quiero restar mérito al brillante trabajo de comunicación
que había detrás del lanzamiento –porque creo honestamente que lo tuvo-,
pero, en mi opinión, el hueco “low cost” que había dejado Amena en su migración
de posicionamiento a Orange, le puso las cosas bastante fáciles. Si la “Verdad,
Verdadera
” no hubiera venido acompaña de unas tarifas rompedoras, mucho me temo
que el éxito no habría sido tal. Para ningún consumidor –y mucho menos
para los del target crossumer al que ellos se dirigían- resultaba creíble una
operadora de telefonía que predicaba honestidad, simplicidad y transparencia.
Lo fundamental era que ofrecía unos muy buenos precios a un segmento de
consumidor –cada vez más numeroso- que no tiene ningún reparo en saltar
de compañía en compañía aprovechando las promociones de turno, y tan pronto
como finaliza su contrato de permanencia con la anterior.

Pero Yoigo quería más. Se había propuesto dar el gran salto casi
de la única manera posible en un mercado tan maduro y competitivo como en el de
la telefonía móvil: el proselitismo.
La idea era crecer a través del boca oreja, apalancando la estrategia en planes
de precios que incentivaran a los ‘misioneros’ de la marca en su tarea
evangelizadora (una de estas palancas era la tarifa de 0 euros/minuto entre números
de la compañía de la que hablaremos a continuación).


Desde el principio, Yoigo sabía que para conseguirlo debía
convertir los valores de la marca (honestidad, transparencia y simplicidad) en
valores de la compañía y del servicio, y que estos valores –para resultar
creíbles- debían ser idealmente transmitidos por la vía de los hechos y del word of mouth (WOM), como se ha construido siempre la
reputación.

Para llevar a cabo esta tarea, Yoigo no quiso desaprovechar la
oportunidad que le brindaba el despegue mediático de la blogosfera hispana. La
idea era valerse de ‘la
conversación’
para acelerar el proceso de WOM y llegar a un target (la
audiencia de los blogs) muy afín a su producto y estrategia (influentials
y crossumers).
Ellos cumplían a rajatabla el principal requisito exigible (por entonces, hoy
no tanto) para entrar en la conversación: la transparencia. Yoigo era una ‘Open Brand’,
es decir, una marca dispuesta a dejar el storytelling en manos de
terceros. Una marca ‘abierta
a sus consumidores, maleable, que sería lo que ellos quisieran que fuera. Puede que el hecho de que -ya antes del lanzamiento
de Yoigo-  un blogger generara bastante ruido con una bitácora sobre la marca
con la que –según
se publicó por entonces
- sólo pretendía practicar posicionamiento en
buscadores mediante blogs, inspirara en parte esta estrategia.


El primer golpe de efecto llegó en forma de invitación
a los bloggers más reputados
para asistir a una reunión en la que la cúpula
de la compañía se prestaba a debatir con ellos sobre lo que quisieran conocer
sobre Yoigo. El momento elegido no pudo ser mejor. Por entonces, el acomplejado
star-system de la blogosfera hispana se lamentaba por las esquinas ante la
escasa sensibilidad de la realidad empresarial de nuestro país frente al fenómeno
blog que arrasaba allende los mares. De pronto aparecía en escena la primera
gran marca española que les rendía pleitesía. Con esta acción de relaciones públicas
Yoigo no sólo conseguía la repercusión que buscaba, sino también meterse en el
bolsillo a lo más ‘influyentes’ bloggers de la piel de toro. Se había logrado
lo más importante y difícil: abrir el canal de comunicación que propiciaría la ‘conversación’.


A partir de ahí todo llegaría rodado. Sin grandes fricciones.
Yoigo escuchaba siempre, y hablaba (muy puntualmente) cuando creía que tenía
algo relevante que decir, sin abusar. Uno de los ejemplos más notorios que
evidenciaba la participación en la conversación lo conocíamos hace unos pocos días.
Varios medios de comunicación de máximo nivel se hacían eco de la intervención –a
través del apartado de comentarios
-  del Director General Comercial de
Yoigo en la bitácora de un avezado bloguero anónimo que había desarrollado
espontanea y altruistamente un plan de CRM para la compañía. El País, por
ejemplo, titulaba así la noticia: ‘Yoigo
estudiará el proyecto de un blogger’
. Llovían los elogios de las celebridades
blogosféricas
. Creo que es de justicia reconocer la estrategia de blog
marketing de Yoigo como uno de los casos de éxito –ya veremos si con
final feliz- más espectaculares de uso de la Web 2.0.


En Noviembre, teniendo ya de su parte la credibilidad que
buscaba, la compañía pone en marcha una campaña para dar a conocer un nuevo
beneficio para todos los clientes de Yoigo: podrán hablar entre sí
gratuitamente por tiempo ilimitado, teniendo que abonar exclusivamente el coste
de establecimiento de llamada. Las condiciones que se plasman en la comunicación
–incluyendo el spot- no pueden estar más claras.

Si la campaña hubiera sido de cualquiera de las otras operadoras
de telefonía móvil, los consumidores de inmediato habrían decodificado el
mensaje en clave ‘promocional’, sujeto a unas limitaciones que seguramente
aparacerían en la letra pequeña del contrato del servicio. Pero el mensaje iba
dirigido fundamentalmente a quienes ‘creen’ que en Yoigo no hay letra pequeña,
que en Yoigo las cosas son como parace que son: sus clientes actuales. Con este
nuevo beneficio estaban dándoles nuevos argumentos (e incentivos) para llevar a
cabo la labor de captación a la que antes hacíamos referencia. La idea era que
un cliente Yoigo convenciese a su hermano, primo,  amigo, compañero de clase o
de trabajo para migrara a una compañía honesta, transparente, simple, con unas
muy buenas tarifas y con la que, además, podrían hablar gratis de por vida.

Para evaluar los resultados de la acción basta con analizar los
datos de portabilidad entre compañías que ofrece mes a mes la Comisión del
Mercado de las Telecomunicaciones
. En Noviembre de 2007 Yoigo consiguió un
saldo positivo (importaciones menos exportaciones) de 18.150 clientes, prácticamente
el triple de los alcanzados el mes anterior. ¡Golazo!

Portabilidades_2
Pero un día, sin que se conozcan demasiado bien las causas, la
compañía decide –o tal vez no le
queda más remedio que decidir
-  hacerse el hara-kiri, y anuncia
a la  chita callando
que a partir del próximo 1 de marzo las llamadas
entre líneas de Yoigo sólo serán gratuítas durante la primera hora, y que, a
partir de esa limitación, el tiempo excedente  se tarificaría
como una llamada a un número de otra operadora.

En esta ocasión, a pesar de la
trascendencia de la decisión, Yoigo no ha querido jugar con la blogosfera. Quién
sabe, tal vez esperaba que la noticia pasara sin pena ni gloria, y que no
llamara demasiado la atención de sus interlocutores en la conversación.

Nada más lejos de lo que realmente ha ocurrido. La reacción no
se hecho esperar, y la virulencia
con la que se está produciendo no tiene precedentes
. Yoigo arde en las
hogueras encendidas en  foros, comunidades
de filtrado colaborativo
y, por supuesto, la
blogosfera
. Aún es demasiado pronto para conjeturar sobre cuáles serán a
corto plazo las consecuencias de esta decisión, pero lo más importante que
Yoigo podía perder ya se ha esfumado: la credibilidad.

La reacción violenta de sus consumidores no se explica por lo
que les supone económicamente. De hecho,  como reconoce Yoigo, eran contados
los clientes que excedían la hora diaria de llamadas a móviles de la misma
compañía. No es por el dinero por lo que protestan, sino porque se siente
traicionados, apuñalados, por una Marca en la que habían creído. Y quienes más
dolidos están son justamente sus prescriptores, que habían animado a terceros
para migrar a Yoigo.

La semana pasada ha sido muy dura (coincidiendo trágicamente con el lanzamiento de Simyo). Ha tenido a la red casi
monotemáticamente consagrada a su hundimiento. Se han empezado
a sacar los trapos sucios
, se
han hecho encendidos llamamientos al boicot
, y,  con todo el ruido
generado,  se ha conseguido que las asociaciones
de consumidores
y medios de comunicación pongan a Yoigo en la mirilla. Como
muestra, dos titulares de sendas noticias aparecidas en El País hace unas pocas jornadas: ‘Yoigo
será denunciada por la Unión de Consumidores’
y ‘Yoigo,
¿verdad verdadera?
’.
La dimensión de la protesta ha sido de tal
calibre que ha puesto en marcha el ‘Efecto Halo’ contra la
marca. A partir de ahora todo lo que diga será utilizado en su contra y decodificado
con el filtro de la mentira
.

Confío en que Yoigo encontrará la fórmula para darle la vuelta a
la situación, aunque no me gustaría verme en la tesitura de tener que
recomendar cómo hacerlo. No es fácil. ¿Tú que recomendarías?

¿Cómo salir de la conversación? Oh, cielos!! Alguien ha
arrancado ese capítulo del manual de Blog Marketing!! Ah, no, es que no está
escrito…Tal vez porque no hay demasiadas experiencias sobre las que basar los
aprendizajes.

De momento, por mi parte, sólo se me ocurre una buena manera de
abandonar airoso la conversación: no entrando. Para Yoigo este consejo llega
demasiado tarde. Desde la tribuna,  los emperadores de la Web 2.0 han bajado su
pulgar. Deseémosle que al menos los leones hagan bien su trabajo, y que no dure
demasiado el despiece.

¡¡El Crossumer llega a la universidad!!

Me ha hecho una ilusión tremenda -efecto de la vanidad, por supuesto- descubrir a través de un vídeo de marketingdirecto.com que nuestro concepto de Crossumer ha dado el salto a la universidad. Se trata de una conferencia titulada “Branding en la era Web 2.0“  que ofreció el profesor Vicente Ros, CEU Universidad Cardenal Herrera (Valencia) en el trascurso de unas jornadas organizadas por la agencia Delvico en Madrid. ;-)
[youtube=http://es.youtube.com/watch?v=AgoU4Cab1Uk]

¡Qué jeta!

No es la primera vez que hablo del mismo tema (referido a otras gran marca) en el blog. Me indigna que se le intente tomar el pelo a la gente con este tipo de tretas deshonestas que, en mi opinión, deberían ser perseguidas y castigadas por la ley (si es que no lo están).

Las pruebas del delito. Esta tarde, Carrefour de Cabrera de Mar (Barcelona). Pasillo de detergentes para lavadora.

img00019.jpg

Me dispongo a aprovechar una oferta: “AHORRO GIGANTE”. Se trata de un pack de 90 cazos de Ariel. Precio: 24,29 euros

img00016.jpg

Justo al lado está el mismo producto, pero en su presentación estándar : 70 cazos. Precio: 16,99 euros.

img00017.jpg

Umm….la calculadora rudimentaria de mi inconsciente me manda una señal de alerta: ¡Quiero ahí! Aquí hay algo raro….Tiro de la calculadora del móvil. A dividir:

  • 24,29/90= 0,27 euros/cazo
  • 16,99/70= 0,24 euros/cazo

Entonces…no sólo no hay ahorro, sino que directamente pagas 3 céntimos de euro más si te llevas el pack ahorro. ¡Tiene bemoles! Me pregunto cómo una marca que supuestamente lleva décadas cultivando la confianza del consumidor, se permite intentar trampear tan burdamente. ¡Y luego hay quien se lamenta de la pérdida de confianza del consumidor en las marcas privadas y el auge de las MDD!

Bueno, bonito y barato: El Crossumer outlet

Tengo el libro en mis manos. Por el  módico precio de 9,90 €, 183 páginas repletas de consejos y direcciones para ahorrar en partidas tan variadas como moda, viajes, coches, combustible, comunicaciones fijas y móviles, energía…y hasta en salud!! Un compendio exhaustivo y  actualizado -se hacen eco incluso de Fon- sobre maneras, trucos y lugares para comportarse como un verdadero “consumidor inteligente” (así han titulado de hecho el primer capítulo).

Aunque gracias al libro he descubierto que tengo al lado de casa una de las gasolineras más baratas de España -ahora entiendo las colas que se forman-, en realidad lo he comprado porque tenía gran interés en analizar en profundidad la imagen de consumidor que proyecta.

El consumidor inteligente” se ha convertido en un referente aspiracional de casi todo el mundo. Este libro, tal y como se cuenta en la contraportada,  “Es mucho más que una guía sobre cómo comprar a bajo precio. Es un libro que orienta al comprador para que no se pierda en el complicado laberinto de precios bajos y ofertas o descuentos irrechazables. Bueno, bonito y barato facilita las claves para poder hacer una compra segura y responsable, así como las pautas fundamentales para moverse sin riesgo en el complejo y poco explorado de las compras por Internet”.

Como bien apunta Lipovetsky  en La Felicidad Paradójica (Anagrama, 2007), es evidente que el sistema ha logrado superar exitosamente esa etapa en la que emergieron con fuerza los discursos anti-consumo. Nadie en sus cabales se atrevería a publicar un libro que incitara a ahorrar dejando de consumir cosas que no se necesitan. ¿Quién querría leer algo tan demodé? Hay que ahorrar gastando. Siendo un “consumidor inteligente”, cuanto más gastes, más ahorras. ¿Ahorrar para qué? Evidentemente, para consumir y seguir “ahorrando” más, en una proceso circular. El concepto de “ahorro” se ha desprendido de la noción de acopio de reservas para el futuro, para convertirse en un fin en sí mismo.

El “ahorrar” es  también una experiencia. Tenemos que demostrar que somos buenos consumidores, consumidores inteligentes.  Esto lo explotan muy bien varias compañías de seguros (Génesis con “Llamada del Ahorro”, Línea Directa ).  Hablar en público sobre el ahorro hace ya tiempo que dejó de ser tema tabú. Pero, ojo, no se trata de alardear de que se ahorra pasivamente -dejando de consumir-, sino activa y casi compulsivamente. Tampoco puede ser a base de sacrificar nada (calidad o diseño), salvo en algunos casos, la marca. No obstante, en todo caso, el súmmun del consumidor inteligente es el que sabe ahorrar sin sacrificar la marca. En este contexto, el concepto “outlet” ha venido para quedarse entre nosotros un buen rato, y me temo que esto acabará trastocando casi todo lo que creíamos saber sobre la variable precio en el marketing mix.

Crossumer en el Seminario de Tendencias de AEDEMO

Si es que no puede ser…no saco tiempo ni para asomar 5 minutos la cabeza por aquí!! ¿Qué está pasando por el mundo digital? Decidme algo!! ¿Cuál es el hype semanal? Es curioso la ansiedad que me produce pensar que están pasando centenares de cosas -intrascendentes a buen seguro- en nuestro querido y revolucionado sector y yo aquí -más liado que la pata de un romano- sin enterarme de la misa la mitad. ¿Padeceré hype adiction?, ¿Existe alguna clínica que me desenganche de Bloglines? Buff…

Al grano. Simplemente pasaba por aquí para avisar al personal de que ya está listo el programa del Seminario de Tendencias que Aedemo organiza los días 20 y 21 de noviembre en Madrid. Tiene muy buena pinta. Si bien el último seminario, que se llevó a cabo hacer un par de años, la gran mayoría de ponencias pusieron el foco en las nuevas técnicas de detección de tendencias, parece que en esta edición lo han querido consagrar a la aplicabilidad. Y básicamente de eso hablaremos nosotros; sobre cómo aterrizar macrotendencias de consumo. Menudo papelón!!

UPDATE:  A través de un comunicado, Aedemo ha informado de que el seminario se pospone al primer semestre de 2008. Confirmarán fecha en breve.

Crece la desconfianza en las opiniones sesgadas por incentivos económicos

Hay estudios que demuestran que, cada vez más, el consumidor está utilizando la opinión de terceros a la hora de tomar sus decisiones de compra. Soy diabólico, lo sé, pero me encanta ir al supermercado y comentar mis impresiones sobre un producto cuando veo a alguien indeciso en una sección en la que venden productos que generalmente no son de compra frecuente. ‘¿Ha probado éste? ¡Está de fábula!’ La gente se suele quedar bastante desconcertada. Te miran con cara de ‘le falta un tornillo’, pero casi nunca falla, y acaban comprando lo que les recomiendo. ¿Por qué? No tienen ni la más mínima idea sobre mis gustos. De hecho, no saben nada de mí. ¿Cómo es posible que les influya mi recomendación? Supongo que hay varias factores que nos ayudan a explicar este comportamiento. Para empezar -creen que- tengo algo de lo que probablemente carecen: experiencia con el producto. También deben inferir que si me atrevo a recomendarles algo en un contexto en el que la gente no suele recomendar a otros, es porque estoy especialmente satisfecho con esa experiencia. Y, por último, reciben esa recomendación de alguien cuya valoración consideran neutral, independiente. El cóctel compuesto por experiencia, entusiasmo e independencia resulta ‘casi’ irresistible. Si le añadiéramos ‘confianza’, habría que eliminar el ‘casi’.

La primera consecuencia de este fenómeno, desde el punto de vista de la comunicación, es la consolidación de las relaciones públicas (PR) como pilar de la estrategia de acercamiento de numerosas marcas. Muchas de las acciones de PR tienen como objetivo fundamental influir en los líderes de opinión, con la esperanza de que éstos les ayuden a difundir su buena nueva.

En Internet esta tendencia cristaliza, por ejemplo, en el desarrollo del blog marketing, que, en algunos casos, está derivando en la estrategia del “pay per post“: es decir, incentivar -de muy diversas maneras- a bloggers para que respalden un producto o mensaje. Pero, desde luego, no es ésta la única vía que se está utilizando para tratar de influir en la conversación. Desde hace ya bastante tiempo, hay compañías que prestan gran atención a los sites -del estilo de Ciao o Tripadvisor- en los que los consumidores hacen revisiones o dan opiniones, supuestamente imparciales, sobre productos y servicios. Algunas de estas compañías recurren a los servicios de agencias especializadas en intervenir -de forma más o menos ética- en estas comunidades.

¿Hasta qué punto los consumidores que acuden a estas fuentes empiezan a percatarse de que no todo es trigo limpio?, ¿Acabará influyendo la intervención de las marcas en la conversación en la confianza del consumidor en las opiniones de terceros, ante la sospecha de que en muchas ocasiones no sean imparciales?, ¿Qué mecanismos de control irá estableciendo para validar la veracidad de las fuentes?

Hace unos días Burson Masteller presentó los resultados de un estudio sobre los e-fluentials en el que, entre otras cosas, se investigaba en qué medida estos lideres de opinión de la red empezaban a detectar la acción de las relaciones públicas de las marcas. Lo que se observa es que, efectivamente, si comparamos los resultados obtenidos en esta oleada del 2007 con los recabados por la misma fuente en 2001, ha crecido de forma significativa la percepción de que algunas compañías están incentivando a profesionales para que ’simulen’ una opinión favorable. El gráfico siguiente muestra la evolución de esta percepción entre el 2001 y el 2007. El porcentaje de e-fluentials que ha oído hablar de que algunas compañías han pagado a profesionales para que dejen opiniones positivas en en la red ha pasado del 39% al 48%.

La publicidad al descubierto….bueno, tampoco tanto

Oh, dios, el paréntesis de descanso estival me había privado de esta joyita que acabo de descubrir entre los vídeos -siempre recomendables- de MarketingDirecto .

Se trata de un minidocumental realizado por la Red de Educación del Consumidor con la finalidad de traer hacia la luz a aquellos incautos consumidores que aún no han desarrollado un sentido crítico hacia la publicidad (¿de verdad existen?).
[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=QZmrKXfl8bs]

Si quieren que les diga la verdad, el nivel de “crossumerismo” del documental es, digamos, bastante básico. Creo que adopta una postura frente a la publicidad muy superada por la mayoría de consumidores, pero en fin, no deja de ser un interesante documento que ilustra la formación del crossumer.

Caja Navarra, la banca crossumer

El próximo lunes comienza una nueva campaña de Caja Navarra para dar una mayor difusión a su posicionamiento como “banca cívica”. Ya pueden verse en YouTube las piezas de televisión de la campaña.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=DpNAn459DfI]

No es la primera vez que nos hacemos eco por aquí de la comunicación de esta caja. Hace unas semanas tuve la oportunidad de mantener una conversación telefónica con uno de los responsables del área de innovación de esta entidad y de descubrir de primera mano la peculiar visión de negocio de Caja Navarra. No sólo han revolucionado en la forma de dirigirse al consumidor, sino también en la relación con mantienen con él. Valga como ejemplo su idea de oficina bancaria (”oficinas cancha”)

Se trata sin duda de un interesante caso para las escuelas de negocio, y un ejemplo casi inigualable de marca Crossumer.

Y es que ya lo hemos comentado por aquí en decenas de ocasiones: la transparencia vende. Vean aquí otro ejemplo sarcástico de esta tendencia de comunicación.

Hice la foto esta semana en Central Park (NYC). El texto del cartel del medigo rezaba: “¿Por qué mentir? Necesito una cerveza”. Me animé a fotografiar el cartel porque había leído el mismo “copy” en otra “creatividad” de otro mendigo de la Quinta Avenida, lo que me lleva a pensar que se trata de una estrategia que puede haber sido imitada por su “éxito”.

Caja Navarra, la banca cívica. Nueva Marca Crossumer!!!

Bastante descolocado me dejó esta campaña de Caja Navarra que vi ayer a toda página en el diario El País (edición papel).

Hay varios detalles de esta campaña que me llaman la atención:

1. ¡Es una caja de ahorros! Vale que la senda de la “transparencia” ya había sido abierta por Bancaja, pero no deja a uno de chocarle que en tan poco tiempo un mercado publicitario tan….de vajillas, cuberterías…fuera capaz de mutar así. Ahora resulta que va a ser hasta divertido trabajar para bancos, seguros y cajas!!!

2. Cómo mola este concepto de la “Banca Cívica” del que tratan de apropiarse. ¿En qué se basa? La idea es que dejan -parcialmente- en manos del cliente la decisión del destino final de la inversión que la caja destina a la obra social (a la que le obliga la ley). Vamos, que permiten que sea el propio cliente quien decida en qué proyecto/s social/es se invierte lo que la entidad gana con él. En realidad, por lo que he entendido, la decisión de inversión no es absolutamente libre, sino que el cliente debe elegir entre una serie de proyectos en los que la caja trabaja.

Le he estado echando un ojo al site de la entidad y lo primero que tengo que decir es que encuentro cierta disonacia entre el código de la campaña y el de su web. Personalmente me parece que no apoya lo suficiente este concepto de banca cívica. No obstante, hay cosas interesantes, como un formulario que te permite calcular el dinero que gana tu banco/caja contigo , en función de los productos que les tengas contratado.

Desde luego una campaña que se ha ganado la inclusión directa en nuestro particular listado de marcas crossumer .

Lo viral sube a los altares

Vaya año “viral” que les espera a los creativos. Y no lo digo porque la gripe este año vaya a cebarse de forma especial con los pobres, no. Ellos ya me entienden. La cuestión es que si ya venía siendo cada vez más habitual leer en los briefings de cliente la coletilla “y que sea viral”, a partir de ahora no habrá campaña que no aspire a la viralidad. ¿La razón? Pues ni más ni menos que la beatificación del spot “Evolution” de Dove, ganador del Grand Prix del festival publicitario de Cannes. Por cierto, uno de los spots que desde aquí habíamos incluido entre nuestro particular reel de spots de marcas crossumer .

Estoy convencido de que los grandes institutos que cuentan con herramientas propias para la realización de pretest y postest publicitarios ya están pensando cómo incorporar esta dimensión. Ahora ya no será suficiente con el spot sea notorio, impactante, atractivo, con mucho branding y que incite a la compra; como no sea “viral”, estás perdido chico.

Ya le estoy dando vueltas a como traducir a un indicador de cuestionario que nos permita medir el potencial “vírico” de una pieza. Podría ser algo así: “Es un spot que me gustaría que vieran mis amigos”. Oh Dios, la que se avecina.