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Al hilo de la reflexiones de la anterior entrada, también me he cuestionado la idoneidad de la marca “Second Life”. ¿Es Second Life un buen nombre de marca? Tengo una opinión diferente en función de si lo evalúo desde el punto de vista de la comunicación o del producto.
Si se evalúa desde la perspectiva de la comunicación no me cabe duda de que ha sido un claro acierto de “naming”. En su capacidad de evocación (“una segunda oportunidad”, “una vida paralela”,…) reside parte de su facilidad para generar “boca oreja” y repercusión mediática. Como hemos dicho, la “promesa” implícita en el nombre puede resultar tremendamente atractiva para grupos inmensos de personas que, por un motivo u otro, desearían darse una segunda oportunidad.
Cuando se aborda desde el plano del producto, creo que el nombre supone un freno importante, un factor de disuasión, para aquellos que no se identifiquen con esta necesidad de implementar a través de un metaverso lo que no son capaces de conseguir en la vida real. Si tenemos en cuenta que los que abandonan antes SL son quienes vinieron atraídos por la “promesa” y que quienes se han quedado son aquellos que se lo han planteado como una “extensión” más de su vida real, parece lógico suponer que Linde Labs no tuvo gran tino a la hora de elegir el nombre de la marca. Tal vez lo que le ha dado notoriedad le ha restado usuarios. Paradojas del marketing.

